viernes, 29 de abril de 2011
Ensayo para el Consejo de Políticas Públicas para la Juventud
1. Fisiológicas;
2. Seguridad;
3. Afiliación;
4. Reconocimiento; y
5. Autorrealización.
La justificación de este enfoque recae en que para que cada joven logre su propia autorrealización primero ha de satisfacer sus requerimientos más elementales. No es posible concebir una ciudadanía plena con los estómagos vacíos. Adam Smith, padre de la teoría económica moderna, escribió: “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”. Igualmente, Carlos Castillo Peraza dijo en 1993: “En un México de ecuaciones macroeconómicas casi perfectas, que dan por resultado 40 millones de mexicanos pobres, sueño con un partido que asuma esta causa. Ésa, la de los agraviados económicamente; la de aquellos que ni siquiera pueden pensar en votar porque antes tienen que pensar en comer. A esos quisiera yo que sirviera Acción Nacional”. Entonces, si deseamos que la nuestra sea una sociedad próspera, es menester hacer frente, en primera instancia, al problema de la pobreza alimentaria, para que, una vez que se haya logrado superar esta condición, se proceda a combatir la pobreza de capacidades y finalmente emprender la lucha en contra de la pobreza de patrimonio.
No obstante, para ofrecer una respuesta útil y no sólo idealista es necesario ubicar el problema dentro de sus dimensiones reales y presentar soluciones viables. El primer golpe de realidad está en reconocer que las restricciones técnicas y de presupuesto sí importan. Luego hay que aceptar que la situación de un grupo demográfico tan vasto como lo es el de los jóvenes de la Ciudad de México no se puede cambiar por la gracia de una sólo voluntad ni por el peso de cualquier decreto. Para lograr que el cambio sea auténtico y se refleje en las condiciones de vida de los jóvenes de la capital del país es preciso que primero se geste un cambio radical en la actitud de la juventud del D.F. hacia la vida política y las instituciones de la democracia. No es desconocido que muchos jóvenes manifiestan una clara apatía o, incluso antipatía, respecto al quehacer político porque se encuentran desencantados, desilusionados, porque para ellos la clase política es un grupo ajeno y distante, que sólo se preocupa por sus intereses y que en las épocas de campaña únicamente se dedican a hacer promesas que olvidarán una vez que hayan logrado su designación en los cargos de elección popular . No obstante, quienes conforman el sector joven de la población pueden llegar a mostrar un relativo interés por la actividad política en la sociedad pues la llegan a considerar una forma de mirar los problemas de la gente, como la injusticia y otras demandas ciudadanas. Ciertamente, la política, entendida como componente fundamental para comprender su propio entorno y lo que ocurre en él, forma parte de las inquietudes de los jóvenes.
El cambio de actitud que hace falta entre los jóvenes de la Ciudad de México tiene que ver con la comprensión de que la política y la participación ciudadana no les deben ser ajenas o estar restringidas para quienes tengan un perfil socioeconómico o de estudios elevado. La política es de la incumbencia de absolutamente todos los habitantes de la ciudad, la polis. La política “no es una actividad que corresponda sólo a los más capacitados, sino a los que se han apropiado de ella” .
Resulta alentador que un estudio de las asociaciones que hacen los jóvenes capitalinos con el concepto política arrojó que para muchos de ellos el término está íntimamente ligado al referente acción, lo cual coincide con la forma en la que el Partido Acción Nacional concibe la esencia de la actividad política:
Para estos jóvenes la acción es una facultad del ser humano que los forma. Y lo que requiere hoy, para relacionarse de manera distinta con las instituciones, es la “acción directa”, manifestar “acciones críticas”, porque éstas permiten un cierto poder y manejar algunas situaciones. La acción no es privilegio de algunos cuantos, de una elite, ya que bien pueden accionarlas amplios grupos; de ahí que se considere que “la acción social es importante”, y que se concluya que “las ideas buenas no sirven para nada si no las llevamos a la acción”.
Lo más importante es que ningún individuo ni partido puede cambiar, de manera unilateral y por voluntad propia, las condiciones de una población o grupo de edad. Sólo por medio de la participación activa de cada joven que vive en el Distrito Federal, con la suma de todos los esfuerzos, será posible comenzar a generar los cambios necesarios para que las condiciones de vida, las expectativas de empleo e ingreso mejoren. Cualquier promesa que contradiga esta idea y proponga cambios inmediatos ha de ser considerada falsa, mesiánica o populista.
Los jóvenes de hoy, los que damos vida a las calles de nuestras colonias, delegaciones y marcamos el ritmo de los latidos de la gran Ciudad hemos de organizarnos e involucrarnos de manera cercana y comprometida a la política, es decir, comprometernos con la solución de nuestros propios problemas. Somos capaces de hacer eso y de superar cualquier obstáculo. La fuerza y la inteligencia están en nosotros.
lunes, 14 de septiembre de 2009
70 años de una Brega de Eternidad
En nuestras celebraciones no falta la reflexión. Nos reunimos en estas fechas memorables con ánimo festivo. Como mexicanos y como panistas tenemos muchas victorias que celebrar: celebramos la vida y la convicción que nos mantiene unidos en esta brega de eternidad; nos congratulamos por nuestro renovado y siempre vigente compromiso por buscar una vida mejor y más digna para todos.
Sin más preámbulo doy paso a la reflexión de Castillo Peraza sobre las enseñanzas del maestro Gómez Morin:
El 27 de febrero de 1997 hará cien años del nacimiento de Manuel Gómez Morín, mexicano imprescindible para la comprensión del país en que vivimos. Diversas instituciones -el Banco de México, entre otras- han comenzado a organizar eventos varios, conmemorativos de la efeméride. El Partido Acción Nacional -fundado por Gómez Morín- inició una serie de actos al mismo respecto, con una velada en el auditorio Simón Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria, el 17 de septiembre. Publicamos -corregido y aumentado por el autor- el texto del discurso que pronunció ese día y en aquel sitio.
No tuve el privilegio de encontrarme con don Manuel Gómez Morín. Creo que conmigo comienza la serie de los presidentes nacionales del PAN que no conocieron personalmente al fundador. No pude escuchar su voz. Nunca me fue dado verlo. Supe de él porque en casa de algún pariente queridísimo, en mi ciudad natal Mérida, encontré desde niño nuestra revista La Nación y, entre otros folletos del partido, aquel titulado La Nación y el Régimen. Conocí y sigo conociendo a don Manuel como lector. Doy testimonio de que cada día que pasa, su pensamiento me parece más actual, más mexicano, más democrático. Evocaré esta noche a Gómez Morín únicamente en tanto que fundador del PAN. Lo haré en seis puntos -que son otras tantas lecciones perennes- y un epílogo que es más bien coyuntural.
1) Gómez Morín no fue -es evidente que no podía ser- hijo ni alumno de panistas. La lección que trasciende este hecho es que al PAN lo funda una manera de entender al hombre, a la sociedad, al estado, a la nación, a la vida, a la muerte, al trabajo. El PAN es, en síntesis, la expresión política de una cultura que existe antes y existirá después del PAN. Desarrollar, hacer florecer, profundizar esta cultura es condición sine qua non para que el partido exista como algo mejor y mayor que la legítima búsqueda del poder por medios legales y pacíficos, y de la voluntad de ejercerlo democráticamente en orden a la consecución del bien común, de la justicia social y de la libertad política plenas.
2) Gómez Morín fue hombre de estudios serios y de conocimientos vastos, de sensibilidad para el arte y lo religioso, de raciocinio impecable y de razonabilidad afable. Su universalidad lo hizo abierto y tolerante, dialogal y, en el mejor sentido de la palabra, retórico, es decir político capaz de ceñirse al argumento probable. Su convicción fue que Acción Nacional era la mejor opción partidista para los mexicanos, pero nunca exigió lealtades al PAN a quienes no eran del PAN. En cambio, fue radical para exigir pleno sentido de pertenencia a quienes compartían su convicción y su militancia, y por eso enseñó a los panistas que cumplir mal un deber partidista libremente aceptado es peor que no asumirlo, e incluso podría ser peor que cumplirlo por coacción. La segunda lección gómezmoriniana es, en consecuencia, la de la responsabilidad a que está sometido el hombre que se compromete libremente.
3) Gómez Morín fue hombre que descubrió, reconoció, comprendió, aceptó, asumió, compartió y luchó por el perfeccionamiento de los valores implícitos en la Revolución Mexicana, a los que, junto con otros mexicanos notabilísimos, incluyó en el contexto más amplio y más generoso del humanismo político. De allí sus expresiones "humanicemos el Derecho" y "volvamos al hombre". Parafraseando a François Furet, puede afirmarse que para don Manuel la revolución, antes de verse deshonrada por sus crímenes, fue esperanza compartida por la mayoría de los mexicanos. El instrumento que el maestro diseñó y echó a andar para "convertir el caos en orden" y devolverle a los mexicanos el derecho a esperar, el derecho a soñar, el derecho a luchar por los valores de la democracia, el Estado de Derecho y la justicia social es Acción Nacional. La tarea es hoy más necesaria y urgente que nunca, y es obra de constancia humana, de cotidiana y modesta carpintería política, ajena a demagogias que confían el cambio a los milagros o a las catástrofes. Desde el ensayo "1915", don Manuel vio con claridad que la revolución expresaba a México y que los ideales del movimiento de 1910 eran valiosos; que no podían limitarse a ser el motivo para destruir el pasado; que habrían de encarnarse en actitudes, obras e instituciones que les permitieran acceder a una etapa constructiva; que debían inscribirse en una visión doctrinal más amplia y proveedora de mayor profundidad, y al mismo tiempo ejecutarse con calidad técnica, con sentido tan moral como práctico. Los panistas recibimos como herencia no una actitud crítica, insensata y reaccionaria hacia la Revolución Mexicana, sino una misión: la de articular un instrumento apto para ayudar a concretarla con la decencia y la eficiencia perdidas al pasar del tiempo y al prevalecer de los peores apetitos de quienes la convirtieron en justificación de hurtos, despojos, arbitrariedades, tropelías y prepotencia antidemocrática.
4) Gómez Morín fundó una tradición. Los fundadores de tradiciones no miran hacia atrás; por el contrario, a partir de un enraizamiento sin ambages en el pasado, son capaces de elaborar y dejar como herencia una mirada acertada hacia adelante. Sólo así puede entenderse que sigan generando vigencias. La cuarta lección es clara: Acción Nacional tiene el reto y el deber de fundar hoy la tradición del México del mañana, es decir, su tarea no es la de administrar recuerdos sino la de crear esperanzas. Esperanzas cuya encarnación, cuya concreción obliga al conocimiento técnico-instrumental que las hace probables y viables, y que, como lo demuestran investigadores actualísimos como Alonso Lujambio, Javier Garcíadiego y María Marván Laborde, debe tener como campo central el municipio. Allí, nos dice Gómez Morín, se hará ese cambio real que no cuesta "convulsiones dolorosas", porque la comunidad municipal -dice- "acabará por educarnos, ensayándonos en la resolución de los problemas que más cerca nos tocan para considerar prudentemente los graves problemas nacionales". La lección gómezmoriniana es también radicalmente municipalista, como lo ha entendido perfectamente bien el partido y lo ha expresado con precisión y vigor su actual presidente nacional Felipe Calderón Hinojosa, a quien, en este momento de acoso inmundo, me atrevo a brindar la solidaridad y el apoyo de todos los panistas de México. Hemos ido desde 1983, y creo que habremos de seguir yendo durante los años venideros, de abajo hacia arriba, de la periferia al centro. No se trata de tomar por asalto la sede del poder presidencial, sino de conquistar, ocupar y ampliar los espacios municipales y estatales de servicio público, para dar a la eventual victoria en las elecciones federales -legislativas y/o presidenciales- probabilidad de buen desenlace.
5) Una de las primeras palabras de Gómez Morín a los panistas, en las "históricas jornadas" de la fundación, hace cincuenta y siete años, fue para reconocer que en Acción Nacional cabe la diferencia entre inteligencias, pero no la disociación de los corazones. Decir esto emocionará siempre a cualquier expresidente nacional, pues una de las tareas torales de quien encabeza al partido es de algún modo ser el custodio de la concordia. Herencia del fundador es precisamente la voluntad de concordia entre los panistas, legado suyo es la magnanimidad en la oposición, en el gobierno y en el interior del partido. Y el método de la concordia y la magnanimidad es la referencia constante a los motivos espirituales de la obra común. No hay democracia sin benevolencia, sin cortesía, sin corrección políticas internas. Es ésta la quinta lección de don Manuel Gómez Morín.
6) El fundador del partido supo retirarse en tiempo y forma, para dejar paso y lugar a lo que él mismo llamó "nuevas capacidades y métodos y vocaciones nuevos", "hombres nuevos y nuevas aptitudes". Lejos del maestro la concepción de los cargos partidistas como una especie de concesión a perpetuidad para un grupo reducido, y más lejos aún de él los aferramientos al poder interno y a los cargos públicos. No es posible, ni cierto, ni debido generalizar, pero se alcanza a ver que, en algunos ámbitos del PAN, hay dirigentes que monopolizan sitios en las directivas de la institución y en los puestos de elección popular; o funcionarios públicos electos que tratan de invadir y someter a los órganos del partido. Lejos también de don Manuel -quien siendo fundador y guía rechazó ser caudillo o jefe máximo-, "el prejuicio deliberado la extraviada pasión" o el "apetito personal" que siempre pueden ser y en ocasiones son factores de enturbiamiento de la vida interna de Acción Nacional.
Ahora el epílogo, ciertamente para la coyuntura de estos días agitados por presagios nada alentadores en materia de reforma a las leyes electorales y, en consecuencia, poco propicios para el optimismo político.
Concluyo esta evocación del Gómez Morín leído, con las palabras de don Manuel, el 25 de febrero de 1949, a la VII Convención Nacional, cuando los voceros de la revolución descompuesta anunciaban -con frases que han repetido una y otra vez- que no entregarían el poder "sino por la fuerza de las bayonetas". He aquí la respuesta serena del fundador, que habremos de hacer nuestra el día de hoy y tal vez muchos de los que pronto vendrán:
La misma desesperación del grito indica bien que no serán necesarias las bayonetas. Es confesión rasgada de la debilidad irremediable de quienes tienen el poder y frente a la más modesta demanda de eficacia del sufragio, piensan con pavor en las bayonetas
Hay cada vez más ardiente el sentido de la ciudadanía. Estamos adiestrándonos en el oficio. Nada de lo que quiere la ciudadanía es injusto ni es imposible. Nuestro mundo mismo, en esta atroz encrucijada de la historia, cualquiera que sea la confusión de la etapa agónica de decisión, sólo tiene un camino para salvarse que es también el del sentido humano de la comunidad, de la persona redimida al precio más alto. Estamos en ese camino. Adelante.
